Beato Guillermo José Chaminade

 

Guillermo Chaminade, sacerdote católico francés, fundador de la “Familia marianista”, nació en Perigueux (Dordogne) el 8 de abril de 1761 en el seno de una familia numerosa: era el hijo decimotercero de Blas Chaminade, comerciante de tejidos, y de Catalina Bethón. En ese hogar recibió como herencia, virtudes que serán claves en él: el realismo, el espíritu de fe, y una vocación cristiana al servicio de la Iglesia. Algunos de sus hermanos habían ingresado en la Vida religiosa: el mayor, Juan Bautista, perteneció a la Compañía de Jesús hasta que fue disuelta. Y Guillermo aprendió de él cómo ser fiel a unos compromisos aun estando secularizado a la fuerza. Este hermano fue quien le preparó espiritualmente en su infancia y le orientó vocacionalmente en la juventud.

Cuando recibe le sacramento de la Confirmación, añade el nombre de José al suyo propio, prefiriendo a partir de ese momento este nuevo nombre. Sus primeros años de estudiante los pasó en el Colegio San Carlos, de Mussidan, fundado por una congregación de sacerdotes, que pronto ceden la dirección y la animación educativa de la obra a tres de los hermanos Chaminade, entre ellos a Guillermo. Primero como alumno, luego como profesor, administrador y capellán, pasará allí veinte años que serán cruciales en su formación. Se ordena sacerdote poco antes que estalle la Revolución francesa en París en 1789. Precisamente le toca a él, actuar como delegado para nombrar diputado eclesiástico a los Estados Generales. La diócesis de Perigueux rechaza a su obispo como diputado.

El 12 de julio de 1790 se publica la “Constitución civil del clero”: los sacerdotes serán ahora funcionarios del Estado. Se establece la supresión de conventos y órdenes religiosas; obispos y clero serán elegidos por el pueblo. Los hermanos Chaminade, como una gran parte del clero francés, rechazan el juramento a esta Constitución. En el colegio de Mussidan, la situación es insostenible, y los Chaminade deben abandonar la dirección. Guillermo José se despide de la Virgen de la Roca, a orillas del Isle, imagen de María que ha sido testigo de su compromiso de educador de la juventud en la ciudad, y emigra a Burdeo